El sábado mi madre tenia entradas para el teatro. Me despierta a las ocho de la tarde con una amenaza –si no te levantas ya, me voy sin ti!!!- La verdad es que entiendo su forma de hablarme. Ha estado viendo “Cine de Barrio” y yo ni me he inmutado. Llevo más de cuatro horas por lo menos en la misma posición, en un estado catatónico que me impide moverme del sofá. No sabe como puedo hacerlo, eso de levantarme a las dos de la tarde, comer y volver a dormirme hasta la noche. Cuando siempre me reprocha yo le recuerdo que me tiro toda la semana durmiendo de cuatro a cinco horas diarias. Pero ella hace oídos sordos.

La obra empezaba a las nueve. Llegamos y saludo al personal del teatro con efusión. Les tengo un enorme cariño. Hace dos años, mientras estudiaba oposiciones hice unas prácticas en la delegación de cultura del ayuntamiento. En ese momento sentí que si no me dedicaba a la docencia me encantaría trabajar en algo relacionado con la gestión cultural. Aprendes mucho en este campo, como que la cultura es un negocio como otro cualquiera, un producto a consumir, aunque con algunas connotaciones de por medio.

Entramos a la sala. Toda la élite cultural, artística y política del pueblo se encuentra en el teatro. No me resulta extraño. Siempre son los mismos los que asisten a esta clase de eventos. Profesores, políticos, miembros de la escuela municipal de teatro, músicos y bohemios llenan los asientos. También hay una importante representación de mujeres de mediana y avanzada edad que ocupan las butacas. Mi madre pertenecería a este grupo. No se pierde ni una. Yo no pertenezco a ninguno.

-Hay que ver como papa nunca quiere venir a estas cosas- Se desahoga conmigo –Para él cualquier obra, película o actividad es una tontería. Todo lo que no sea fútbol- me dice –Siempre tengo que ir sola a todas partes, con las viudas, como si no tuviera marido- Como ya me conozco el percal le digo sin miramientos –tu elegiste con quien te casabas, ahora no te lamentes- Esto da pie a una conversación sobre el matrimonio en la que curiosamente, mi madre me termina dando la razón. Las cosas tienen que estar muy mal, pienso. No quiero saber más. De todos modos ya han anunciado el comienzo de la obra. Apagan las luces.

La obra me parece excelente. No sé porqué tenia la impresión de que era una comedia. Y es una tragedia en toda regla. Tiene un montón de lecturas e interpretaciones. Pero me toca comentarla con mi madre, que parece que no ha ido mas allá de la literalidad en si de la obra. –El hombre el pobre se ha enamorado de la cabra, y al final, animalita..- Aún así reconoce la calidad del texto, de los autores y la representación en si. Mi madre empezó a leer hace unos cuatro años. Y ahora se lee libros que yo no soy capaz de leer. Es una mujer admirable.


Vuelvo a casa. Dudo si salir o no, pero termino saliendo. No voy a volver por aquí en mucho tiempo. Pero en verdad es que vuelvo a tener sueño. Mucho sueño.